Democracia y más salario

 

Alejandro Encinas Rodríguez

 

Esta consigna articuló la primera campaña electoral de la izquierda tras la reforma política de 1977 que abrió paso al registro de distintos partidos políticos. Se ponía en el centro de la discusión la necesidad de avanzar en el ejercicio de los derechos y las libertades políticas, así como en el combate a la desigualdad.

En México prevalecía un agotado sistema político, encabezado por un presidencialismo autoritario, soportado en un partido hegemónico y el férreo control corporativo sobre todas las expresiones del movimiento social, que en el ámbito sindical se ejercía bajo el “charrismo” impuesto desde los años cincuenta tras la represión a la huelga ferrocarrilera.

Era la antesala del neoliberalismo, que conculcó la democracia sindical, deprimió el poder adquisitivo de los salarios y que, junto con ello, alentó la informalidad laboral, el crecimiento indiscriminado de los contratos de protección y la precarización del trabajo. Esto trajo consigo una caída drástica en el poder de consumo de los trabajadores en un 70% entre 1980 y 1994, año en el que los incrementos al salario mínimo mantuvieron un estancamiento, bajo la premisa que el aumento a los salarios provocaba inflación, hasta 2019, cuando inicia un proceso de recuperación en términos reales, al registrase durante cuatro años consecutivos, incrementos por encima de la inflación, lo que ha permitido recuperar un poder adquisitivo similar al de 1984, al crecer el salario mínimo en 71%, pasando de 88.36 pesos en 2018 a 172.87 pesos en este 2022, lo que no sucedía en los últimos 34 años.

El trabajo dignifica la vida de las personas. Ésta pasa por la dignificación de la persona trabajadora en su espacio laboral, en el reconocimiento de su labor, su condición de género, por una sana relación obrero patronal y por la importancia de reconocer la organización obrera para tener condiciones justas de trabajo.

La reforma impulsada en 2019, ha sido fundamental para sentar las bases para una verdadera justicia laboral. Con ello, se abrió la ruta para saldar una deuda histórica con las personas trabajadoras para frenar la pauperización de la fuerza de trabajo en el neoliberalismo. Dentro de esta reforma destaca el enfoque de género e inclusión con el reconocimiento a las personas trabajadoras del hogar y jornaleras agrícolas, el cambio del régimen de subcontratación, el teletrabajo y los derechos a vivienda, seguridad social, así como la libertad sindical y la conciliación en conflictos laborales.

La reforma avanza en romper con una cultura de opacidad y manipulación sobre los derechos laborales, eliminar el clientelismo, garantizando la participación de las personas trabajadoras en la negociación colectiva, garantizar acceso a la justicia laboral y a mecanismos de conciliación que permitan desahogar los conflictos laborales de manera más expedita. Muestra de ello es que hasta el 18 de enero de este año se han resuelto el 76% de los conflictos laborales a través de este mecanismo.

Un avance sin precedente, es el impulso a la democracia sindical, al favorecer la participación obrera en los contratos colectivos y con ello aumentar las capacidades organizativas que dan voz para tener espacios de trabajo adecuados, salarios y condiciones laborales dignas. En este sentido se han validado 2 mil 951 contratos colectivos de trabajo, consultándose a un millón 123 mil trabajadores. Ejemplo de ello es la primera revocación de un Contrato Colectivo de Trabajo, es el caso de la empresa General Motors en Silao, Guanajuato, tras la consulta a los trabajadores, al igual que las elecciones en el sindicato de PEMEX a través del voto personal, libre, directo y secreto, para elegir a sus dirigentes.

Por otro lado, se han realizado mil 195 registros de revisión salarial; 944 convenios de revisión salarial; 511 sustituciones patronales, que garantizan el reconocimiento de la antigüedad y derechos de las personas trabajadoras; 213 revisiones integrales de contratos colectivos y cerca de 700 registros de reglamentos internos de trabajo.

Los derechos laborales son fundamentales para transformar las estructuras económicas de desigualdad en nuestro país. Romper con la corrupción, el corporativismo sindical, los contratos de protección, garantizar la libertad de asociación y la democracia en los sindicatos, son condiciones básicas para dignificar el trabajo en su sentido más amplio. (Subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración)

 

By |2022-02-04T18:08:46+00:00February 4th, 2022|articulos, home|